lunes, 30 de enero de 2017

Dibujando corazones

Laura dibujaba corazones en los deberes del colegio, en las notas escolares, en las hojas recicladas donde mamá y papá escribían la lista de la compra. No sabía muy bien por qué pero, al hacerlo, todo quedaba más alegre, más... amoroso, claro. 

Mejor eso que escribir insultos, o garabatear furiosas elipses que acababan rajando el papel, pensaba su maestra; mejor eso que oírla ensayar por enésima vez con la dichosa flauta, pensaban sus padres. Qué pesadilla, -decían-, oírla interpretar, otra vez, algo parecido al Himno de la Alegría, incluidas desafinadas notas, y ello a pesar de lo mucho que se esforzaba. 

Pero Laura escondía un secreto, su pasión por los corazones le venía desde hacía más o menos un año, por San Valentín, cuando encontró en su mesa del colegio un dibujo de uno precioso, claramente pintado por uno de sus compañeros en el mencionado día 14 de febrero. Le hizo tanta ilusión que quiso devolver el amoroso gesto con una andanada de corazones dibujados. Y por eso se entregaba cada día a ello, a dibujarlos donde podía, para ensayar y poder dedicarle uno a cada compañero de su clase el San Valentín siguiente, pues el dibujo que le habían regalado era anónimo, y no había manera de descubrir quién había sido el o la del gran gesto. 


Y en esas estaba, totalmente preparada tras un año de entrenar su muñeca dibujando corazones por doquier, cuando prácticamente, sin darse cuenta, San Valentín se presentó de nuevo. Pasó la noche anterior pintando corazones, algunos rellenos de colores brillantes, otros hechos con sencillos pero alegres trazos, y, los más, repletos de color rojo. En total, veinticinco corazones dibujados.... No, veintiséis, porque también le hizo uno a su profesora, no fuera que se sintiera triste sin el suyo. 

Y gracias a su gesto, a su creatividad, generosidad y tenacidad, lo que ocurrió aquel San Valentín en el que ella perdió algunas horas de sueño para cumplir el de muchos, en el colegio de Laura ese fue el día más recordado durante todo el año. El día en el que una niña entregó su amoroso trabajo para que nadie se quedara sin su tarjeta de corazón, ni una sonrisa dibujada en la cara.

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